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Tragicomedia

Hay batallas
que no se ganan,
que ni siquiera empiezan,.

Hay batallas que hablan de ti,
perdidas desde hace tiempo.

Hay sueños,
que reclaman tus gemidos
en mi poesía,
que no entienden
de realidades,
porque si lo hicieran,
tú ya no estarías.

Hay crujidos
en el barro
que te reconocen a cada paso.

Existen muertes en madrugada
que recuerdan
el día a las dos de la mañana,
en la que decidiste asesinar el corazón,
mandarlo lejos de ti,
el único órgano que
en cada actuación
le dedicaba sus latidos
a alguien
que estaba dedicando
caricias disfrazadas
de amistad,
a otra representación.

Y no es miedo
ni cobardía,
ni dolor,
ni traición,
lo que un día
me decidió romper.

Fue la propuesta
de una promesa
la que me mantiene en pie
sobre un avión
que turbulencias
podría vender.

Hay asientos de trenes
que el verbo olvido no conocen,
y parques que
nunca volverán
a tener el mismo nombre.

Pero en su tragicomedia
he aprendido
a vivir sin tenazas
para apartar recuerdos,
que ya ni duelen,
ni desgarran,
ni escuecen.

Le digo hola
a cada uno de ellos
con la sonrisa mas amplia,
porque solo duermen,
ya no atacan.

Hoy abrazo
a la esperanza
de un nuevo comienzo
porque lo he ganado a fuego.

Porque merezco
unas nuevas coordenadas
donde acercas mi equipaje,
merezco vivir
lo que ni siquiera
intentas disimular.

Ya ni aplaudo
y aprieto gatillo,
ni finjo, ni me limito a asentir.

He nacido
en otras manos
cuyo molde comienzo
a llamar credo,
 y sus sílabas las he llamado libertad.

Mantengo viva
la llama que he encendido,
para que el desvelo
no la apague en el insomnio ocasional
de quien puede
y quiere,
volver a empezar.

- Luis Darío Pérez Hernández

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