Habéis estado enredadas en mi lengua durante demasiado tiempo,
tanto que al tragar os notaba arañar los dedos,
ellos son mis cuerdas vocales.
Os debo confesar que sin vosotras,
el oxígeno olía a tinta,
en cada esquina os trataba de recuperar
pero nunca os convertisteis en poema.
Vuestro susurro,
nunca llegó a grito.
Hoy me habéis mordido la lengua
y pedido que llueva aquí.
Que termine de derramar
la saliva que me sobra.
Que clave mi bandera en el punto más alto
de vuestro costado,
y me quede arraigado ahí.
Rastrero de mi,
utilizaros como salvavidas,
cuchillo
y manta.
Perdonadme por gastaros en cuerpos
que no merecían la herida,
la cicatriz,
ni la vida.
He abierto una botella
puesto mantel,
cuchillo
y tenedor.
Os prometo que hoy cenaremos juntos.
- Luis Darío Pérez Hernández
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