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Trapecista en costillas de acero.

''Estoy sangrando letras
sin saber realmente que decir, camino cual trapecista en cuerda floja, ignorando el temor a perder aliento por despiste, encontrar muerte por un traspié. Acaricio vida ajena, por no encontrar la mía, aliento en pulmón pasajero, vida en boca desconocida. Disfraz impuesto por alcohol, quitado luego en resaca mañanera. Quito legañas sin tan siquiera limpiar las mías, arreglo corazones porque el mío desapareció en el ruedo, que confió en credo por miedo a soledad. Me dirijo a mi en el espejo, grito que puedo, que no necesito ventrículo que desangrar hoy, Creo en infierno, y expongo mis piezas para cualquier puja que por mí quiera apostar. Táctica tácita de no alterar latidos y no despojar pensamiento, crear duda donde afirmaciones parecen sobrar dejar de saborear momentos en estéreo, donde parece etéreo, el juramento de volver a sentir. Insensibilidad obligada, felicidad intravenosa, venenosa. Tigre en cautiverio, cazado en libertad y ahora mostrado como maqueta en exposición. Mi pecho izquierdo ya no muerde, ni escuece, ni duele, sonrisa deslumbra, entre bares, avenidas y arcenes de autopista. Hormigueo temido que ya no muestra ni intenciones de aparecer. Escondo razones camufladas en motivos, que en realidad son sinónimos. Ya no lloro, ni imploro, porque no soy despojo, de otra droga invisible más. Crítica en forma de consejo, habilidad de ocultar agotamiento entre costillas de acero, que pesan más cuando no están ahí para sujetármelas. Estoy columpiándome en la luna, que acuna el borrón y cuenta nueva que llevó a accidente trágico el despegue que juró encontrar fortuna donde hoy no se encuentra ni desdicha. Me ha acariciado el alma, ha iluminado camino en el espacio entre tu y yo, lo ha acortado y ha prometido que esta vez será mejor. Hoy me he enamorado, he sentido de nuevo mariposas, he vuelto a reflejar abrazos, ha sentir vértigo por una mirada, todo esto ha ocurrido, al mirarme en el espejo por la mañana.''

- Luis Darío Pérez Hernández


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