''Estoy sangrando letras
sin saber realmente que decir,
camino cual trapecista en cuerda floja,
ignorando el temor a perder
aliento por despiste,
encontrar muerte por un traspié.
Acaricio vida ajena, por no encontrar la mía,
aliento en pulmón pasajero,
vida en boca desconocida.
Disfraz impuesto por alcohol,
quitado luego en resaca mañanera.
Quito legañas
sin tan siquiera
limpiar las mías,
arreglo corazones
porque el mío desapareció
en el ruedo,
que confió en credo
por miedo a soledad.
Me dirijo a mi
en el espejo,
grito que puedo,
que no necesito ventrículo que desangrar hoy,
Creo en infierno,
y expongo mis piezas
para cualquier puja
que por mí quiera apostar.
Táctica tácita
de no alterar latidos
y no despojar pensamiento,
crear duda
donde afirmaciones parecen sobrar
dejar de saborear momentos en estéreo,
donde parece etéreo,
el juramento de volver a sentir.
Insensibilidad obligada,
felicidad intravenosa,
venenosa.
Tigre en cautiverio,
cazado en libertad
y ahora mostrado
como maqueta en exposición.
Mi pecho izquierdo ya no muerde,
ni escuece,
ni duele,
sonrisa deslumbra,
entre bares,
avenidas
y arcenes de autopista.
Hormigueo temido
que ya no muestra ni intenciones de aparecer.
Escondo razones
camufladas en motivos,
que en realidad son sinónimos.
Ya no lloro,
ni imploro,
porque no soy despojo,
de otra droga invisible más.
Crítica en forma
de consejo,
habilidad de ocultar
agotamiento
entre costillas de acero,
que pesan más
cuando no están ahí
para sujetármelas.
Estoy columpiándome en la luna,
que acuna
el borrón y cuenta nueva
que llevó a accidente trágico
el despegue que juró
encontrar fortuna
donde hoy no se encuentra ni desdicha.
Me ha acariciado el alma,
ha iluminado camino en el espacio
entre tu y yo,
lo ha acortado y ha prometido
que esta vez será mejor.
Hoy me he enamorado,
he sentido de nuevo mariposas,
he vuelto a reflejar abrazos,
ha sentir vértigo por una mirada,
todo esto ha ocurrido,
al mirarme en el espejo
por la mañana.''
sin saber realmente que decir,
camino cual trapecista en cuerda floja,
ignorando el temor a perder
aliento por despiste,
encontrar muerte por un traspié.
Acaricio vida ajena, por no encontrar la mía,
aliento en pulmón pasajero,
vida en boca desconocida.
Disfraz impuesto por alcohol,
quitado luego en resaca mañanera.
Quito legañas
sin tan siquiera
limpiar las mías,
arreglo corazones
porque el mío desapareció
en el ruedo,
que confió en credo
por miedo a soledad.
Me dirijo a mi
en el espejo,
grito que puedo,
que no necesito ventrículo que desangrar hoy,
Creo en infierno,
y expongo mis piezas
para cualquier puja
que por mí quiera apostar.
Táctica tácita
de no alterar latidos
y no despojar pensamiento,
crear duda
donde afirmaciones parecen sobrar
dejar de saborear momentos en estéreo,
donde parece etéreo,
el juramento de volver a sentir.
Insensibilidad obligada,
felicidad intravenosa,
venenosa.
Tigre en cautiverio,
cazado en libertad
y ahora mostrado
como maqueta en exposición.
Mi pecho izquierdo ya no muerde,
ni escuece,
ni duele,
sonrisa deslumbra,
entre bares,
avenidas
y arcenes de autopista.
Hormigueo temido
que ya no muestra ni intenciones de aparecer.
Escondo razones
camufladas en motivos,
que en realidad son sinónimos.
Ya no lloro,
ni imploro,
porque no soy despojo,
de otra droga invisible más.
Crítica en forma
de consejo,
habilidad de ocultar
agotamiento
entre costillas de acero,
que pesan más
cuando no están ahí
para sujetármelas.
Estoy columpiándome en la luna,
que acuna
el borrón y cuenta nueva
que llevó a accidente trágico
el despegue que juró
encontrar fortuna
donde hoy no se encuentra ni desdicha.
Me ha acariciado el alma,
ha iluminado camino en el espacio
entre tu y yo,
lo ha acortado y ha prometido
que esta vez será mejor.
Hoy me he enamorado,
he sentido de nuevo mariposas,
he vuelto a reflejar abrazos,
ha sentir vértigo por una mirada,
todo esto ha ocurrido,
al mirarme en el espejo
por la mañana.''
- Luis Darío Pérez Hernández
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